El genio maligno de la técnica todavía no se había revelado, permanecía en las sombras, en la época de la Revolución industrial, donde el aprendizaje y el uso de la maquinaria, los utensilios, estaba renumerado, tomaba la forma del salario; en la actualidad, cuando la diferencia del ocio y del negocio, del trabajo y el tiempo libre, se desdibuja, aparece con total claridad como una forma de servidumbre voluntaria. El usuario es un siervo sujeto a un aprendizaje interminable, a un trabajo no remunerado que se confunde con la vida, obligado a aprender, a saber manejar, practicar y usar asiduamente una infinidad de dispositivos, siempre cambiantes. Esta extensión planetaria del dominio no hubiera sido posible sin la digitalización, el código binario aplicado a todo tipo de objetos y actividades. Un caso ejemplar al respecto son el éxito de las cámaras digitales. En revancha, el sujeto siervo, que acumula en virtud de su sumisión, dosis crecientes de resentimiento y frustración, sumadas a las connaturales a su estado, necesita una salida, una compensación, proyecta todo este malestar interno a través del objetivo de la cámara, hacia el exterior, como una forma de poder sobre el mundo. El esclavo, preso de la desesperación, equilibra su balanza interna mediante la esclavitud virtual del mundo que le rodea, intenta ponerlo a su servicio. La fotografía aparece entonces como un acto de venganza, de humillación, la peculiar forma en que los siervos, por voluntad propia, crean su propia parcela de dominio, su dominio personal. En lugar de utilizar el mundo para aprender y mejorar, igualan el exterior con el interior; el sujeto degradado no puede sino degradar para su disfrute el objeto. Mirada sin miramientos que se cree en el derecho de registrarlo todo. El mundo le debe algo; el pago serán las imágenes arrancadas del mundo, robo imaginario que colma su deseo de venganza. Deseo profundo de que lo de afuera sea como lo de adentro, esté en la misma situación, igual de mal, mancillado, carente de vida. El usuario de la cámara cree que el mundo no es mejor que él, y piensa demostrarlo. Todo ha de quedar al mismo nivel en una búsqueda continua de la imagen que queda por tomar, por controlar. Nada se escapa a su mirada escrutadora. Al final el mundo entero será esclavo de sí mismo, retratado hasta la saciedad. Fase oral, devoradora, de la imagen. VER es COMER.
Mostrando entradas con la etiqueta control. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta control. Mostrar todas las entradas
XVIII
La masa crítica del estado, en su fase digital, supone un estado de crisis continua, la multiplicación de gráficas de alzas y bajas, recuperaciones y pérdidas, una avalancha de información sin precedentes, un despliegue indiscriminado de aplicaciones y actualizaciones que se ejecutan de forma automática. El modelo de la nueva democracia es un gobierno que no ha sido elegido en las urnas, un desgobierno permanente y sistemático; una vez instalado, después de la descarga, como cualquier otra aplicación, prescinde en buena parte de la voluntad del usuario y ejecuta la tarea para la que se ha programado. Es un gobierno multiplataforma, apátrida y virtual, que no tiene otra realidad que la información depositada en los servidores; aunque es muy fácil de obtener, el acceso a este poder es libre, su puesta en marcha no tiene término medio, es excluyente. Si no está instalada la aplicación, el usuario queda fuera de la mensajería instantánea, de la red de conexiones políticas, enlaces intertextuales que le permiten formar parte de un núcleo social; si funciona, está expuesto a la localización y envío de órdenes en cualquier momento y a cualquier hora del día, sin poder hacer nada para remediarlo. El programa de gobierno recoge información de todos los contactos y de la red de datos del individuo, convertido en poco más que un dispositivo móvil orgánico, por iniciativa propia y según consignas variables. Sabe lo que tiene qué hacer, para qué ha sido creado, y se aplica con determinación a ello. Lo que pasa en la vida, la agenda de ejecución del gobierno (What´s up) se decide en (la) red (WhatsApp); el quehacer diario, el pasar del mundo y de la política, los acontecimientos múltiples, se transforman en aplicaciones, trabajos multitareas automáticos que nadie reconoce haber encargado ni ordenado. No son cosa suya. El aviso es instantáneo para todos los contactos, los puntos nodales de la información, cada una de las células de identidad digital; se felicitan unos a otros de tener la misma aplicación instalada, de haber perdido el control de su propia vida, servidumbre no refrendada. El control está fuera de control.
Etiquetas:
aplicación,
automático,
célula de identidad,
contacto,
control,
democracia,
estado dispositivo móvil,
gobierno,
información,
órdenes,
programa,
punto nodal,
red,
what´s up,
whatsapp